Si el día de mañana tu novia o mujer te dice que quiere que la lleves de vacaciones a París, ten por seguro que al menos que tengáis problemas para llenar el plato al mediodía, no va a desistir en mucho tiempo.
París tiene esa suerte o desgracia de ser considerada la ciudad del amor, la ciudad de la luz, una ciudad preciosa, blablabla. Yo he vivido allí los 18 primeros años de mi vida y puedo decir que a partir del sexto o séptimo año allí, ya odiaba París. Yo no vivía en ningún piso con vistas al Arco del Triunfo, o en los barrios pijos de París, yo vivía en la zona norte, en esa que en general los turistas no visitan y si la visitan es para hacerle unas fotitos al Sagrado Corazón y luego caminito para el Sena rápidamente.
A parte de los típicos problemas de inseguridad que tiene París por ser una capital, y supongo que esto ocurrirá en todos lados, París tiene otra desventaja, está lleno de franceses. Los hay por todos lados y os puedo asegurar que no son ni hospitalarios, ni agradables. El gabacho es falso, traídor, egoísta, racista. El gabacho te mira por encima del hombro. El gabacho te dice hola a la cara y por detrás, te pone cara de asco. En fin, con eso no hay que generalizar diréis, pero no he conocido en mis 18 años en París, ni un sólo gabacho que mereciera la pena recordar.
París es una capital, vive a 1000 por hora. En el metro, por la semana temprano por la mañana, la gente se va a trabajar, va casi corriendo por los pasillos, te pisarían si pudieran. Se pelearían por un asiento y no es raro ver como todos se empujan delante de la puerta para coger el asiento antes que nadie. Tienes que ver como cuando te vas a sentar te adelanta alguien por la izquierda y se sienta con todo el morro. Como he prometido no provocar ningún incidente diplómatico, me contuve. También he tenido que ver como una pobre madre con su niño a cuestas intentaba sacar un ticket de metro en la máquina automática, la pobre mujer estaba tardando y se estaba empezando a formar algo de cola, no más de 4 personas estábamos. Una de las personas se fue a la taquilla y la mujer se dió la vuelta para hablar con el señor que estaba justo después de ella explicando que estaba tardando porque la máquina no le permitía sacar billetes de tarifa reducida y tarifa normal al mismo tiempo. Era un intento de disculparse y el señor vestido de ejecutivo le contestó de manera seca y borde: “Entonces por que no fue a la taquilla???” y se fue él mismo a la taquilla.
Este tipo de cosas son las que definen París lo mejor posible, estos detalles. Diréis que ocurren en todos lados, que gilipollas los hay en todos lados y yo os digo que NO. En París, hay la mayor concentración de gilipollas por metro cuadrado del mundo entero.
Por eso, os diría que sí que vayáis pero no os engañéis. Una vez que terminéis de ver todos sus monumentos, calles bonitas, disneyland, Versailles, … Una vez que paséis 15 días alucinando con todo lo que veáis no os quedará nada bueno que ver porque desgraciadamente vivir en una ciudad significa no visitar todos los días los sitios bonitos sino muchas veces vivir sólo lo feo. Por poneros un ejemplo, yo estuve 18 años en París y posiblemente he visto más cosas de París de las turísticas en los cinco días que estuve allí que en esos 18 años.